viernes, 30 de julio de 2010

Our first Malta excursion

Hace justo una semana nos levantamos aventureros y decidimos pasar un día fuera de St. Paul´s Bay. Nuestros destinos eran Mdina, Rabat y los Dingli Cliffs. Para que se nos pasara todo el sueño acumulado y nuestros cuerpos se despertaran, la aventura comenzó a las 9.30 de la mañana cuando se nos ocurrió la genial idea de montarnos en el autobús 86, de aspecto típico maltés, lo que significa: puertas abiertas, carteles informando de que existe la vida después de la muerte, de que no se trata de un vehículo abandonado y de que, tanto Dios como la Virgen existen. A todo esto, sumamos el hecho de que, al tratarse de Sábado por la mañana, no quedaban plazas disponibles en el mismo, por lo que nos tocó viajar en primera, es decir, en primera línea al lado de la puerta de subida al mismo.
Por fin sanos y salvos, llegamos a Mdina y disfrutamos de sus bonitos paisajes y de su cruel museo de la tortura, el cual conviene visitar. Tras intentar tomar un pedacito de tarta en Fontanella y de no conseguirlo, decidimos partir hacia Rabat, donde algunos de nosotros entramos a ver las catacumbas y otros disfrutamos de unas cervecitas en la plaza de la Iglesia, en un bar que daba la bienvenida a los visitantes, pero que tenía un aspecto un tanto peculiar. Fue allí donde nos encontramos con los dos nuevos aventureros. Tras disfrutar de un menú de 6 euros que prometía ser un gran banquete y que se quedó en una gran promesa, partimos, aconsejados por el camarero, hacia unos maravillosos jardines frutales llamados Busketts y que también se quedaron en una gran promesa incumplida. Hartos de pasear entre esos maravillosos jardines, muy valientes, decidimos enfrentarnos a la caminata que nos llevaba a los Dingli Cliffs. Después de 3 horas paseando por caminos de cabras, sobreviviendo con caramelos, chicles y un plátano y tras pensar que nos tocaría pasar la noche en la parada de autobus del pueblo fantasma, nuestra cabeza desvarió un poco más y decidió que debiamos volver a Rabat andando por los caminos desiertos en la oscura noche. De repente, un ángel de la guarda se nos apareció por la oscuridad de los caminos, conduciendo un maravilloso autobús maltés y, siendo el único autobusero con sentido del humor, se ofreció a pararnos en mitad del camino y llevarnos de vuelta a Valletta. Una vez allí, sólo nos quedaba disfrutar de la ruta turística de 1 hora que nos ofrecía la línea 58 de vuelta a St. Paul´s. Para rematar el día, y viendo que todavía nos quedaba mucha energía, decidió dejarnos en la estación de Buggiba, donde al bajar descubrimos asombrados que en Malta el frío existe. Tras comprar la comida básica de supervivencia en una pastry típica maltesa y después de una ducha de agua caliente, cada uno cayó rendido en su cama y decidimos tomarnos el día siguiente como día oficial del descanso maltés.
P.D: Si queréis ver nuestra maravillosa aventura en imágenes, aquí os dejamos una presentació de fotos de todo el día.

Mdina y demás

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